Amigos de Chicos y Chicas...

30 ago. 2011

El relato libre

Maestra:
–A ver Sabrina, contanos qué te pasó.
Sabrina:
–Yo estaba en la cama y me levanté para tomar agua.
Maestra:
–¿Era de noche?
Sabrina:
así... el león.
–Sí, era de noche y estaba lloviendo. Y yo fui a la cocina y mi hermano me trajo el oso...
Maestra:
–Imagínense, de noche, lloviendo y Sabrina iba caminando por su casa y apareció su hermano Darío...
Sabrina:
–Me asustó.
Maestra:
–Te asustó. ¿Y vos qué hiciste cuando viste el muñeco?
Sabrina:
–Me fui corriendo a la cama de mi mamá.
Maestra:
pensaste que era un monstruo?
–Pero vos, ¿te diste cuenta en el momento?, ¿te diste cuenta de que era un muñeco o
Sabrina:
–Yo pensé que era un monstruo.
Maestra:
–Con razón. ¡Qué susto que te pegaste!

En esta interacción, la maestra proporciona un andamiaje para el relato de la niña. Por medio de preguntas, la lleva a explicitar la situación: “... era de noche y estaba lloviendo”. Reestructura las palabras de la alumna
para crear una mayor tensión narrativa: “... de noche, lloviendo, Sabrina iba caminando y apareció...”. Las intervenciones finales están orientadas a que Sabrina describa lo que sintió.





Espero sea útil...

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Para que los chicos se interesen por escuchar a los otros y por contar lo que les pasó, es necesario que el aula sea un lugar en donde estas historias se valoren, un ámbito en el que se les de tiempo y atención a los que quieran contar algo, proponer, presentar sus preguntas. La construcción del aula como
un lugar de intercambio no se produce de un día para el otro: requiere una habilitación constante de la palabra de los alumnos, que debe ser bienvenida aunque a veces haga salir de lo planificado. Solo así el relato libre aparecerá genuinamente.




Este tipo de relato se desencadena por iniciativa de los chicos y las chicas, generalmente motivados por la necesidad de comunicar algo de importancia personal al grupo. En estas situaciones, el docente incentiva y orienta al que habla mientras los otros escuchan y, progresivamente, van aprendiendo –también incentivados y apoyados por el maestro– a escuchar, a interesarse y a preguntarle al compañero sobre aquello que está contando. Veamos un ejemplo tomado de A. M. Borzone (2004: 48):

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