Amigos de Chicos y Chicas...

17 may. 2011

¿Cómo trabajo el comportamiento agresivo en el aula?

Leí un artículo muy interesante en el portal de EDUCAR y nos dan algunas ideas de cómo trabajar con estos problemas. Si no es nuestro caso, sabremos aconsejar a un/a compañera.





Lean con atención:

El maestro debe cuidar que su estado mental sea bueno, de modo de poder aceptar sin sobresaltos ni muestras de emoción el comportamiento insolente y agresivo de los alumnos.
Es imposible dominar los instintos violentos de los niños con la simple aplicación de métodos severos de disciplina. En vez de eliminar los sentimientos hostiles, mediante engaños, críticas, sarcasmos y prohibiciones solo se logrará aumentar el antagonismo y hacer más difícil su desarraigo. Hacerlo quedar después de clase, imponerle trabajos adicionales, avergonzarlo, ridiculizarlo ante la clase, exigiéndole una retractación pública e herir su orgullo de cualquier otro modo puede aliviar el propio estado de frustración o de tensión del maestro, pero inevitablemente, agravará el problema del comportamiento del niño. Aunque tales medidas impongan una calma y orden temporarios, probablemente generará más rebeldías y desafíos y podrán en marcha toda una serie d ataques y contraataques entre el maestro y el alumno.
Cuando se tiene una conversación particular con un niño belicoso, no es práctico preguntarle por qué se comporta de ese modo, pues él no lo sabe. Aunque comprende que su comportamiento no merece la aprobación de los demás, también comprende que no puede dejar de hacerlo. El no entiende nada acerca de las causas fundamentales, físicas y emocionales que motivan su acción.
El maestro no debe reprenderlo o sermonearlo, sino mantenerse en un segundo plano, estimulándolo a decir como un relato todo lo que siente, asegurándolo gradualmente a que observe su comportamiento como lo hacen los demás. Por medio de la conversación, el niño se liberará de los sentimientos de ira, hostilidad o culpabilidad y dará inconscientemente al maestro un indicio de sus perturbaciones.

Los niños acostumbrados a ser rechazados y castigados por su comportamiento agresivo, se sorprenderán al encontrar un maestro que comprenda y acepte sus sentimientos. Cuando se les permita por primera vez expresarlos libremente, podrán aparecer como sacando una ventaja indebida de la situación, eliminando diversas emociones acumuladas, incluso algunas ofensas de larga data; pero después de un tiempo en que todos los sentimientos reprimidos hayan sido liberados, sus demostraciones de rebeldía y hostilidad probablemente marquen una sensible disminución.


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